jueves, 23 de octubre de 2014

SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD

SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD

Apolinar  Rivas Genao, M.A.
Psicólogo-Sexólogo
“Que a los viejos se les aparta
 después de habernos servido bien”
(J.M. Serrat )


Una definición  de sexualidad humana se refiere a las “maneras  en que experimentamos y nos expresamos como seres sexuales” (Rathus, et. al., 2005, pág. 2). Las raíces latinas de la palabra sexo  que significan “cortar o dividir”, hacen referencia a la división de los seres humanos  en los géneros masculino y femenino.

La sexualidad  humana forma parte constitucional de las personas. No tenemos sexualidad, somos seres sexuados. La dimensión sexual se entronca  en el concepto de calidad de vida de las personas. Por tal razón, la Asociación Mundial de Sexología aprobó  en 1999,  la Declaración de los Derechos Sexuales, en Hong Kong (Crooks y Baur, 2009). La sexualidad  sirve a la reproducción y a la obtención de placer erótico.

Las personas que pertenecen a la tercera edad  son objeto de interés en el estudio de su sexualidad.  Una razón poderosa lo constituye  el rápido crecimiento de la población de personas de la Tercera Edad.   La tendencia demográfica mundial apunta hacia el envejecimiento de la población, gracias a la mejoría en la calidad de vida (lo que aumenta la esperanza de vida) y las políticas  de natalidad que han producido una disminución sustancial de los nacimientos en el mundo. Si queremos propiciar calidad de vida en los envejecientes es necesario enriquecer su sexualidad.
La cita que inicia este artículo da cuenta de una actitud generalizada hacia la tercera edad. Igual situación de discriminación sucede en el mundo de la sexualidad del envejeciente. Prima la visión de que la  sexualidad es una actividad para jóvenes  y que los hombres mayores  que se interesan por el sexo son “viejos verdes”  (Walz, citado por Rathus, 2005). Insistir en develar  todos los mitos de la sexualidad, en la Tercera Edad, ayudará sin dudas en la búsqueda de la tan deseada felicidad humana de este grupo poblacional, que es cada año más numeroso.


Cambios Físicos en la Sexualidad  de los Envejecientes

El modelo bio-psico-social del análisis  del comportamiento humano  propone la interrelación   de los componentes biológicos,  psicológicos y sociales en su explicación. La base radica en la biología, por esa razón es necesario conocer los cambios físicos sexuales que acompañan al envejeciente.

En las mujeres, alrededor de la menopausia, existe una disminución gradual de los ovarios y de la producción hormonal. La disminución de estrógenos  está asociada con un adelgazamiento y pérdida de elasticidad de las paredes  de la vagina, lo que puede producir dolor en el momento del coito (Shibley y DeLamáter, 2006).

La vagina reduce su tamaño y el introitus se estrecha,  lo  que puede producir irritación de las paredes  en el coito, pero también un mayor placer  sexual por la estimulación. Se reduce  el tamaño de la erección de los pezones y la cantidad de lubricación (Shibley y DeLamáter, 2006).

En los hombres disminuye la producción de la hormona testosterona. Las enfermedades vasculares  son cada vez más comunes con la edad, lo que compite con la calidad de la erección. Se extiende  el período  refractario,  disminuye  el volumen de semen eyaculado y el tamaño de los testículos. La testosterona está asociada al  deseo sexual y a la calidad de la erección.

Existen  propuestas de solución a las limitaciones planteadas.  Por ejemplo: las terapias de reemplazo hormonal, el uso de lubricantes artificiales en la vagina, los fármacos para la erección, el ejercicio físico: todas con un buen  pronóstico de solución.  Y claro es clave la psicoterapia como veremos más adelante.


Factores Asociados a la Salud Sexual en la Tercera Edad

Destaca en primer orden las actitudes  negativas hacia la sexualidad en los envejecientes. En occidente el sexo es cosa de jóvenes,  se le da principalía a la función reproductora de la sexualidad, lo que descarta a los envejecientes para el ejercicio pleno de la sexualidad.

Influyen  negativamente en la sexualidad toda clase de conceptos erróneos  acerca de temas importantes  del sexo.  El planteamiento de la corriente cognitiva que enfatiza el papel fundamental que juegan las cogniciones en la salud mental de la persona, cobra un alto sentido en el terreno sexual de los envejecientes.

La peor de las partes la llevan las envejecientes, en general el sexo femenino en todas las edades,  por lo que  se ha denominado el Doble Estándar. Consiste el Doble Estándar en “diferentes niveles de permisividad sexual para hombres y mujeres, casi siempre más restrictivos para estas últimas” (Rathus,  et. al.,  2005, pág. 373).

Son populares los mitos machista y marianista.  En el primero los hombres son fuertes, sexualmente activos  y toman la iniciativa en las relaciones. En el mito marianista  las mujeres  se perciben como dependientes  de sus esposos, dedicadas a los quehaceres de la casa, cuidar los hijos y mantenerse bellas para sus esposos, como lo hizo la Virgen  María.

Felizmente esos mitos se están derribando poco a poco, gracias a la participación femenina.

En los envejecientes esos mitos se expresan como  que en el hombre el cabello gris y las arrugas son señales de distinción y sabiduría. La mujer envejeciente, aunque sus capacidades sexuales  pueden conservarse a lo largo de la vida,  es vista como cuidadora de hijos o como manipuladora vengativa.

Susan Sontag, en respuesta al Doble Estándar de la vejez, presentó un punto de vista alternativo:
“Las mujeres tienen otra opción. Pueden aspirar a ser inteligentes, no sólo agradables; a ser competentes, no sólo útiles; a ser fuerte, no solo graciosas;  a ser ambiciosas por sí mismas, no sólo en relación con los hombres y los hijos. Pueden envejecer naturalmente y sin vergüenza, protestando  de manera activa y desobedeciendo  las convenciones que nacen de este doble estándar de la sociedad acerca de la vejez. En lugar de ser jóvenes, tanto como sea posible, para luego envejecer de forma humillante y convertirse en mujeres maduras y luego pasar obscenamente a ser viejas,  pueden convertirse en mujeres  con mucha mayor anticipación  y permanecer  como adultas activas, disfrutando  de la larga carrera erótica de la cual las mujeres son capaces   por más tiempo” (Sontag, 1972, citado por Crooks y Baur, 2009, p. 418).

No obstante las actitudes negativas en torno a la sexualidad en la Tercera Edad, estudios revelan la creciente mejoría   en la salud sexual de los envejecientes.

LeFrancois (2001) señala que un estudio llevado a cabo en Canadá, en 1988, de más de 4,000 hombres  y mujeres de más de 50 años de edad, la mayoría dijo ser sexualmente activo, incluso después de los 70 años.  Dos de cada tres mujeres y cuatro de cada cinco hombres  siguen practicando actividades sexuales.  Tal parece que la “revolución sexual” iniciada  por Kinsey, Hite, Masters y Jhonson y más   recientemente Helen Kaplan, ha logrado mejorar la visión cultural acerca del sexo.

Dunn y Cutler  (citados por Crooks, 2009) reportaron que una encuesta nacional representativa de E.U., en el año 2000, entre  hombres y mujeres de más de 60 años. Encontraron que cerca de la mitad son sexualmente activos.  El número de personas con actividad sexual desciende con la edad.

Shibley, et. al. (2006) cita que la mejor encuesta que se ha realizado hasta la fecha se llevó a cabo en 1999,  entre 600 hombres y 600 mujeres mayores  de 45 años. Sus hallazgos  son claros: las mujeres de más de 60 años tienen pareja sexual en el 50%  de los casos contra 60% de hombres. 26% de las mujeres experimentan  orgasmos,  contra el 50%  de los hombres. Se revela una proporción considerable de participación en la sexualidad.

Una revisión no exhaustiva sobre investigaciones acerca de temas y problemas  de la sexualidad en la tercera edad, de  las tesis  del Instituto de Sexualidad Humana de la UASD, reveló  que de 400 títulos de tesis consultados (publicadas entre 1996 y 2013) no llega a diez los relacionados con la sexualidad en la tercera edad. Parece como si la temática no importara. Se sugiere que se revisen las políticas de investigación, para cambiar esa triste realidad.

Taveras (2011),  investigó  actitudes en 60 envejecientes  de Santo Domingo, encontrando que 38%  reportó deseos sexuales y 66%  percibió cambios en su sexualidad con la edad. En relación a la frecuencia sexual encontró que el 28%  lo hacía una vez por semana y 23%  una vez quincenal.

Molina (2012) investigó a 60 envejecientes de  Santo Domingo y encontró que el 78%  sostuvo que  es correcto mantener  relaciones sexuales en la tercera edad.  65%  respondió que sí a la pregunta de si declina el deseo sexual en la vejez. 58%  de los hombres siempre está preparado para el sexo.  La histerectomía no reduce el deseo sexual  afirmaron el 68% de las mujeres encuestadas.

La salud es el segundo factor más importante para mantener una vida sexual activa en la tercera edad. “La  mala salud  y las enfermedades tienen un mayor impacto sobre el funcionamiento sexual que la edad en sí misma” (Crooks y Baur, 2009, pág. 420).

Favorece además la actividad  sexual regular desde joven para extender la edad de retiro de la actividad sexual. No hay edad establecida de retiro, hay quienes hasta los 90 Años  pueden estar activos sexualmente.

Conforme se trabaje en la educación sexual,  las futuras  cohortes disfrutarán de una mejor salud sexual.  La psicoterapia juega un papel importante en la remediación de las distinciones sexuales en todos los grupos  etarios.  En todos los modelos terapéuticos   sexuales está presente un componente  cognitivo  clave para la rehabilitación del paciente.

En sexualidad humana,  como en cualquier  otro ámbito  fundamental de la vida, resulta atinente asumir el modelo  de Pensamiento  Crítico. Se podrá, por el uso de este modelo,  separar la realidad de la ficción en la información que sobre sexo se recibe.

El Pensamiento Crítico se resume en: asumir un sano escepticismo, examinar las definiciones de los términos, sopesar  las premisas, considerar la evidencia y decidir si los argumentos son válidos y lógicos.




Referencias Bibliográficas

1-     Crooks, R. y Baur, K. (2009) Nuestra Sexualidad (10ma Edición) México:  Cengage Learning Edit.

2-     LeFrancois, G.R. (2001) El Ciclo de la Vida. (6ta Edición) México: Thomson Edit.

3-     Molina C., R.A. (2012) Conocimientos  y Actitudes en torno a la Sexualidad de los Adultos Mayores  que Asisten al Hogar de Día de Sabana Perdida. (Tesis de Maestría de la UASD, Santo Domingo, R.D.)

4-     Rathus, S.A., Nevid, J.S., y Fiches-Rathus, L. (2005) Sexualidad Humana (6ta Edición). Madrid: Pearson Edit.

5-     Shibley, H. J. y DeLamáter, J.D. (2006) Sexualidad Humana (9na Edición). México:  McGraw Hill Edit.

6-     Taveras V., M. (2011) Actitudes y Creencias de los Gerontes Mayores de 65 Años,  Hacia la Sexualidad Asistidos en el Hospital Regional Marcelino Vélez Santana, Octubre-Noviembre, 2009 (Tesis de Maestría de la UASD, Santo Domingo, R.D.)
  







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