SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD
Apolinar Rivas Genao, M.A.
Psicólogo-Sexólogo
Psicólogo-Sexólogo
“Que a los viejos se les aparta
después de habernos servido bien”
(J.M. Serrat )
Una
definición de sexualidad humana se
refiere a las “maneras en que
experimentamos y nos expresamos como seres sexuales” (Rathus, et. al., 2005,
pág. 2). Las raíces latinas de la palabra sexo
que significan “cortar o dividir”, hacen referencia a la división de los
seres humanos en los géneros masculino y
femenino.
La
sexualidad humana forma parte
constitucional de las personas. No tenemos sexualidad, somos seres sexuados. La
dimensión sexual se entronca en el
concepto de calidad de vida de las personas. Por tal razón, la Asociación
Mundial de Sexología aprobó en
1999, la Declaración de los Derechos
Sexuales, en Hong Kong (Crooks y Baur, 2009). La sexualidad sirve a la reproducción y a la obtención de
placer erótico.
Las
personas que pertenecen a la tercera edad
son objeto de interés en el estudio de su sexualidad. Una razón poderosa lo constituye el rápido crecimiento de la población de
personas de la Tercera Edad. La
tendencia demográfica mundial apunta hacia el envejecimiento de la población,
gracias a la mejoría en la calidad de vida (lo que aumenta la esperanza de
vida) y las políticas de natalidad que
han producido una disminución sustancial de los nacimientos en el mundo. Si
queremos propiciar calidad de vida en los envejecientes es necesario enriquecer
su sexualidad.
La
cita que inicia este artículo da cuenta de una actitud generalizada hacia la
tercera edad. Igual situación de discriminación sucede en el mundo de la
sexualidad del envejeciente. Prima la visión de que la sexualidad es una actividad para jóvenes y que los hombres mayores que se interesan por el sexo son “viejos
verdes” (Walz, citado por Rathus, 2005).
Insistir en develar todos los mitos de
la sexualidad, en la Tercera Edad, ayudará sin dudas en la búsqueda de la tan
deseada felicidad humana de este grupo poblacional, que es cada año más
numeroso.
Cambios Físicos en la
Sexualidad de los Envejecientes
El
modelo bio-psico-social del análisis del
comportamiento humano propone la
interrelación de los componentes
biológicos, psicológicos y sociales en
su explicación. La base radica en la biología, por esa razón es necesario
conocer los cambios físicos sexuales que acompañan al envejeciente.
En
las mujeres, alrededor de la menopausia, existe una disminución gradual de los
ovarios y de la producción hormonal. La disminución de estrógenos está asociada con un adelgazamiento y pérdida
de elasticidad de las paredes de la
vagina, lo que puede producir dolor en el momento del coito (Shibley y
DeLamáter, 2006).
La
vagina reduce su tamaño y el introitus se estrecha, lo que
puede producir irritación de las paredes
en el coito, pero también un mayor placer sexual por la estimulación. Se reduce el tamaño de la erección de los pezones y la
cantidad de lubricación (Shibley y DeLamáter, 2006).
En
los hombres disminuye la producción de la hormona testosterona. Las
enfermedades vasculares son cada vez más
comunes con la edad, lo que compite con la calidad de la erección. Se extiende el período
refractario, disminuye el volumen de semen eyaculado y el tamaño de
los testículos. La testosterona está asociada al deseo sexual y a la calidad de la erección.
Existen propuestas de solución a las limitaciones
planteadas. Por ejemplo: las terapias de
reemplazo hormonal, el uso de lubricantes artificiales en la vagina, los
fármacos para la erección, el ejercicio físico: todas con un buen pronóstico de solución. Y claro es clave la psicoterapia como veremos
más adelante.
Factores Asociados a la Salud
Sexual en la Tercera Edad
Destaca
en primer orden las actitudes negativas
hacia la sexualidad en los envejecientes. En occidente el sexo es cosa de
jóvenes, se le da principalía a la
función reproductora de la sexualidad, lo que descarta a los envejecientes para
el ejercicio pleno de la sexualidad.
Influyen negativamente en la sexualidad toda clase de
conceptos erróneos acerca de temas
importantes del sexo. El planteamiento de la corriente cognitiva
que enfatiza el papel fundamental que juegan las cogniciones en la salud mental
de la persona, cobra un alto sentido en el terreno sexual de los envejecientes.
La
peor de las partes la llevan las envejecientes, en general el sexo femenino en
todas las edades, por lo que se ha denominado el Doble Estándar. Consiste el Doble
Estándar en “diferentes niveles de permisividad sexual para hombres y
mujeres, casi siempre más restrictivos para estas últimas” (Rathus, et. al.,
2005, pág. 373).
Son
populares los mitos machista y marianista.
En el primero los hombres son fuertes, sexualmente activos y toman la iniciativa en las relaciones. En
el mito marianista las mujeres se perciben como dependientes de sus esposos, dedicadas a los quehaceres de
la casa, cuidar los hijos y mantenerse bellas para sus esposos, como lo hizo la
Virgen María.
Felizmente
esos mitos se están derribando poco a poco, gracias a la participación
femenina.
En
los envejecientes esos mitos se expresan como
que en el hombre el cabello gris y las arrugas son señales de distinción
y sabiduría. La mujer envejeciente, aunque sus capacidades sexuales pueden conservarse a lo largo de la
vida, es vista como cuidadora de hijos o
como manipuladora vengativa.
Susan
Sontag, en respuesta al Doble Estándar de la vejez, presentó un punto de vista
alternativo:
“Las mujeres tienen otra opción.
Pueden aspirar a ser inteligentes, no sólo agradables; a ser competentes, no sólo
útiles; a ser fuerte, no solo graciosas;
a ser ambiciosas por sí mismas, no sólo en relación con los hombres y
los hijos. Pueden envejecer naturalmente y sin vergüenza, protestando de manera activa y desobedeciendo las convenciones que nacen de este doble
estándar de la sociedad acerca de la vejez. En lugar de ser jóvenes, tanto como
sea posible, para luego envejecer de forma humillante y convertirse en mujeres
maduras y luego pasar obscenamente a ser viejas, pueden convertirse en mujeres con mucha mayor anticipación y permanecer
como adultas activas, disfrutando
de la larga carrera erótica de la cual las mujeres son capaces por más tiempo” (Sontag, 1972, citado por
Crooks y Baur, 2009, p. 418).
No
obstante las actitudes negativas en torno a la sexualidad en la Tercera Edad,
estudios revelan la creciente mejoría
en la salud sexual de los envejecientes.
LeFrancois
(2001) señala que un estudio llevado a cabo en Canadá, en 1988, de más de 4,000
hombres y mujeres de más de 50 años de
edad, la mayoría dijo ser sexualmente activo, incluso después de los 70
años. Dos de cada tres mujeres y cuatro
de cada cinco hombres siguen practicando
actividades sexuales. Tal parece que la
“revolución sexual” iniciada por Kinsey,
Hite, Masters y Jhonson y más
recientemente Helen Kaplan, ha logrado mejorar la visión cultural acerca
del sexo.
Dunn
y Cutler (citados por Crooks, 2009)
reportaron que una encuesta nacional representativa de E.U., en el año 2000,
entre hombres y mujeres de más de 60
años. Encontraron que cerca de la mitad son sexualmente activos. El número de personas con actividad sexual
desciende con la edad.
Shibley,
et. al. (2006) cita que la mejor encuesta que se ha realizado hasta la fecha se
llevó a cabo en 1999, entre 600 hombres
y 600 mujeres mayores de 45 años. Sus
hallazgos son claros: las mujeres de más
de 60 años tienen pareja sexual en el 50%
de los casos contra 60% de hombres. 26% de las mujeres experimentan orgasmos,
contra el 50% de los hombres. Se
revela una proporción considerable de participación en la sexualidad.
Una
revisión no exhaustiva sobre investigaciones acerca de temas y problemas de la sexualidad en la tercera edad, de las tesis
del Instituto de Sexualidad Humana de la UASD, reveló que de 400 títulos de tesis consultados
(publicadas entre 1996 y 2013) no llega a diez los relacionados con la
sexualidad en la tercera edad. Parece como si la temática no importara. Se
sugiere que se revisen las políticas de investigación, para cambiar esa triste
realidad.
Taveras
(2011), investigó actitudes en 60 envejecientes de Santo Domingo, encontrando que 38% reportó deseos sexuales y 66% percibió cambios en su sexualidad con la
edad. En relación a la frecuencia sexual encontró que el 28% lo hacía una vez por semana y 23% una vez quincenal.
Molina
(2012) investigó a 60 envejecientes de
Santo Domingo y encontró que el 78%
sostuvo que es correcto mantener relaciones sexuales en la tercera edad. 65%
respondió que sí a la pregunta de si declina el deseo sexual en la
vejez. 58% de los hombres siempre está
preparado para el sexo. La histerectomía
no reduce el deseo sexual afirmaron el
68% de las mujeres encuestadas.
La
salud es el segundo factor más importante para mantener una vida sexual activa
en la tercera edad. “La mala salud y las enfermedades tienen un mayor impacto
sobre el funcionamiento sexual que la edad en sí misma” (Crooks y Baur, 2009,
pág. 420).
Favorece
además la actividad sexual regular desde
joven para extender la edad de retiro de la actividad sexual. No hay edad
establecida de retiro, hay quienes hasta los 90 Años pueden estar activos sexualmente.
Conforme
se trabaje en la educación sexual, las
futuras cohortes disfrutarán de una
mejor salud sexual. La psicoterapia
juega un papel importante en la remediación de las distinciones sexuales en
todos los grupos etarios. En todos los modelos terapéuticos sexuales está presente un componente cognitivo
clave para la rehabilitación del paciente.
En
sexualidad humana, como en
cualquier otro ámbito fundamental de la vida, resulta atinente
asumir el modelo de Pensamiento Crítico. Se podrá, por el uso de este
modelo, separar la realidad de la
ficción en la información que sobre sexo se recibe.
El
Pensamiento Crítico se resume en: asumir un sano escepticismo, examinar las
definiciones de los términos, sopesar
las premisas, considerar la evidencia y decidir si los argumentos son
válidos y lógicos.
Referencias Bibliográficas
1- Crooks, R.
y Baur, K. (2009) Nuestra Sexualidad (10ma Edición) México: Cengage Learning Edit.
2- LeFrancois,
G.R. (2001) El Ciclo de la Vida. (6ta Edición) México: Thomson Edit.
3- Molina C.,
R.A. (2012) Conocimientos y Actitudes
en torno a la Sexualidad de los Adultos Mayores
que Asisten al Hogar de Día de Sabana Perdida. (Tesis de Maestría de
la UASD, Santo Domingo, R.D.)
4- Rathus,
S.A., Nevid, J.S., y Fiches-Rathus, L. (2005) Sexualidad Humana (6ta
Edición). Madrid: Pearson Edit.
5- Shibley, H.
J. y DeLamáter, J.D. (2006) Sexualidad Humana (9na Edición).
México: McGraw Hill Edit.
6- Taveras V.,
M. (2011) Actitudes y Creencias de los Gerontes Mayores de 65 Años, Hacia la Sexualidad Asistidos en el Hospital
Regional Marcelino Vélez Santana, Octubre-Noviembre, 2009 (Tesis de
Maestría de la UASD, Santo Domingo, R.D.)


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